Ecuador, el campeón de la madera balsa

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Ecuador es el primer exportador del material, clave en sectores como el de la energía eólica

Apenas 150 millones de dólares han bastado para hacer de Ecuador el líder mundial en el negocio de la madera balsa, más liviana que todas las demás maderas y más incluso que el corcho. La cifra mencionada, que corresponde a 2015, fue del doble que dos años antes y la que ha situado al país latinoamericano a la cabeza de la producción y exportación de este material, que gracias a su peso y resistencia se usa a nivel internacional en turbinas eólicas, en el revestimiento de cruceros, en tablas de surf, en esquís, en caravanas e, incluso, en puentes para vehículos. Aunque es un pequeño nicho dentro de la oferta forestal mundial, el país, de apenas 16 millones de habitantes, ya es un referente de la industria que utiliza la madera balsa, que le augura un extraordinario potencial.

La balsa, u Ochroma pyramidale, es un árbol nativo de Sudamérica que se desarrolla extraordinariamente en el trópico, en tierras abundantemente húmedas pero drenadas y con rica provisión de nutrientes como las ecuatorianas. Se puede talar a los cuatro o cinco años de haber sido plantado, con una altura de entre 25 y 30 metros. Y Ecuador tiene la tierra fértil perfecta para este árbol. Las condiciones naturales, respaldadas con un programa estatal de ayudas y una política de reforestación para los próximos 30 años, ha hecho florecer una industria muy atractiva para los capitales extranjeros. Sus destinos principales de exportación son Estados Unidos, China, Brasil y, cada vez más, Europa.

Las fotografías aún eran en blanco y negro cuando comenzó la explotación de madera de balsa ecuatoriana en los años 40. Las instantáneas mostraban a los porteadores en un entonces precario puerto de Guayaquil —la principal ciudad de la costa— cargando los barcos con grandes bloques de madera. Se exportaba cortada en listones del tamaño de los postes laterales de una portería de fútbol, pero la madera era y es tan ligera que cada trabajador podía cargar de una sola vez diez listones en cada ida y venida al barco, con un solo brazo y sin mayor esfuerzo. Esa ligereza, acompañada de una resistencia fiable y de una sorprendente flexibilidad que le permite adoptar formas curvilíneas, ha convertido en las últimas dos décadas a la balsa en un material cotizado para otra industria en fuerte ascenso: la energía eólica.

Las turbinas de los molinos se fabrican con madera de balsa, porque es más barato que el metal y más resistente que el plástico gracias a la capacidad del material vegetal de adaptarse y recuperar su estatus original en días de fuerte viento, según Pablo Noboa, ex subsecretario de Producción Forestal del Ministerio de Agricultura ecuatoriano. Noboa conoce de primera mano las propiedades de esta madera ya que, durante su mandato, se aprobó la política forestal que incentiva a los agricultores a plantar árboles para evitar la deforestación de los bosques nativos. Las ayudas cubren el 75% del coste de inversión y llegan al 100% si el beneficiario es una cooperativa o una comuna de agricultores locales.

Este programa de ayudas públicas, que se aplica a también a otras especies de madera desde 2013, ha desembolsado en el sector de la balsa 3,3 millones de dólares y ha extendido en 12.428 hectáreas la frontera sembrada (un 19% del total de especies subvencionadas). Y ha sido determinante en la consolidación de la producción en el país andino, ya que por esa fecha, la empresa 3A Composites —parte del grupo suizo Schweiter Technologies— decidió invertir 16 millones de dólares en ampliar el negocio para incrementar el valor añadido. “Ecuador explota la balsa desde los años cuarenta y hace 20 años creció con el tema de la energía eólica, pero solo hay tableros como los de 3A Composites desde hace cuatro años”, resume el antiguo subsecretario.

Fuente: El País | Negocios | 13 de Julio